sábado, 18 de diciembre de 2010

La edad de jubilación


Habida cuenta de la crisis económica que azota nuestra sociedad y la forma de gestionarla por aquellos a los que pagamos para tal menester, parece inevitable retrasar la edad de jubilación para mantener el actual sistema de pensiones. Pensará algún lector que como consecuencia del despilfarro de la llamada “caja de las pensiones”. Sí, bien pudiera ser. Pero lo que sí se constata sin dificultad es que la esperanza de vida ha aumentado en las sociedades desarrolladas. Cada vez somos más los que vivimos más. Esto que aparentemente es una buena noticia, también lo es para los organizadores de carreras máster, pues no cabe duda de que aumenta la potencial clientela, máxime cuando pese a las estrecheces económicas, nunca falta pecunia para la inscripción dominical.

Joop Zoetemelk. Ganando un Mundial con casi cuarenta años.

No por repetido hasta la saciedad, deja de ser menos cierto el axioma que adjudica al ciclismo máster el más esplendoroso presente, a la par que un futuro prometedor. Bien pudiera parecer esto último una entelequia, por aquello de tratarse de una categoría condicionada por la edad y las limitaciones físicas que las hojas el calendario se obstinan en infligir. Pero hay voces que aseguran que no necesariamente es cierto lo anterior y ciclistas que se empeñan en demostrarlo, echando por tierra teorías que se antojan lógicas.


La “Memoria Histórica Ciclista” nos advierte de que el ciclismo permite trayectorias deportivas longevas al más alto nivel. El amable lector de El Carajillo Alegre, instruido en materia velocipédica donde los haya, no habrá pasado por alto que los aspirantes a las clásicas más duras no pierden opciones de triunfo con la edad, sino más bien todo lo contrario. Pero los “fondistas”, aquellos especialistas en carreras por etapas donde la recuperación es un factor clave de cara al éxito, tampoco parece que pierdan muchas opciones a tenor de ejemplos como Iñigo Cuesta (1969), Chris Horner (1971) o Jens Voight (1971), por no citar el caso más significativo, el de Lance Armstrong (1971) que volvió con 38 años a ocupar un cajón del podio del Tour de Francia, después de dejar de competir durante tres años, y todavía sigue al más alto nivel con una edad en la que podría correr en la categoría Master-40.

Malcolm Elliot.

El del texano no es el único caso de “comeback” protagonizado en los últimos años por ciclistas de alta alcurnia. Seguramente, nuestros lectores más veteranos recordarán a un espigado británico que llegó a correr en equipos españoles como Teka o SEUR, un tal Malcolm Elliot (1961) que dejó de competir en 1997 y se lo pensó mejor seis años más tarde, reintegrándose al mundillo máster primero (era común verle por Mallorca en octubre), para ir posteriormente compaginando las competiciones más propias de su edad con otras que parecen reservadas a imberbes ciclistas, lo cual le ha posibilitado ser Campeón del Mundo Máster (2006) a la vez que volver al profesionalismo. No en vano, este año ha competido en el Motorpoint - Marshalls Pasta, luego de pasar por el Candi TV-Pinarello RT como ya vimos en un video que les ofreció El Carajillo Alegre a principio del presente mes.

Erik Zabel pasó a prfesionales después de los JJ.OO. de 1992.

Otro de los mitos relacionados con la edad y el ciclismo, versa sobre la pérdida de velocidad a medida que los sprinters van soplando velas. El ejemplo más reciente de que no siempre es así es el del controvertido italiano Mario Cipollini que con 38 años seguía ganando “volatas” en la temporada de su retirada (2005). Si bien, “El Rey León” también protagonizó su particular y fugaz “reentré” al profesionalismo en 2008 en las filas del no menos controvertido equipo norteamericano Rock Racing y con buenos resultados, por cierto. Otro gran velocista que se ha retirado recientemente (2008) con 38 años y ganando carreras hasta el final de su periplo profesional, es el alemán Erik Zabel. En las pruebas de “Seis Días”, en pista, muchos especialistas rondan los cuarenta y el actual Campeón Olímpico de Madison (lo que antaño llamábamos “americana”) se llama Juan Curuchet, es argentino y logró la presea dorada con 43 años.

La edad no fue nunca un problema para el gran Cipolla.

El argentino Juan Curuchet. Campeón Olímpico de Madison con 43 años.

También los especialistas en la lucha individual contra el reloj tienen motivos para ver pasar el tiempo sin pensar en la retirada necesariamente. Ahí tienen el ejemplo del italiano Francesco Moser que fue profesional hasta los 37 años y que ya había celebrado 34 cumpleaños cuando batió el Récord de la Hora. En 1994, con 42 años, protagonizó un retorno puntual con el objetivo de volver a batir el récord de nuevo, si bien, ninguna de las tentativas tuvo éxito.

Imagen reciente de Franceco Moser. No me negarán que todavía conserva una planta envidiable.

Los holandeses Hennie Kuiper y Joop Zoetemelk durante el Tour de 1980.

Desempolvando algunos retazos del desván de la memoria, podemos admirar algún otro caso de “masters” ganando en profesionales como el del holandés Joop Zoetemelk que con casi 39 años ganó el Campeonato del Mundo de 1985, dos años antes de imponerse en la Amstel Gold Race, siendo ya “master-40”. Precisamente, en aquella primavera de 1985, el citado Zoetemelk vencía en la Tirreno-Adriático, mientras que otro “abuelico”, también holandés, llamado Hennie Kuiper, ganaba la Milán-San Remo con 36 años, tres años antes de abandonar su carrera profesional con 39 primaveras.

Zoetemelk y Kuiper subiendo Alpe d'Huez en 2006.


Los hábitos competitivos parecen ser determinantes como condición de una longeva carrera deportiva al más alto nivel. “Corredores como Merckx e Hinault eran auténticos animales que iban a todas las carreras con la intención no sólo de ganar, sino de arrasar. Sin embargo, ciclistas como Zoetemelk y Moser fueron mucho más calculadores a la hora de enfocar sus objetivos que solían ser uno o dos por temporada. Seguramente esto les permitió estar más frescos y poder correr durante más tiempo”. Así piensa Nathan Dahlberg, un neozelandés que pasó a profesionales en 1988 con el mítico 7 Eleven y que todavía compite en las filas del Marco Polo Cycling Team con 46 añitos. Para este “master” que ha corrido un par de Tours y que ha logrado, entre otros triunfos, una etapa en la Vuelta a Suiza, la cuestión radica en la forma de vida de cada uno. “Obviamente, no puedo hablar por todos, pero realmente no creo que el declive físico sea mucho. Un poco, por supuesto, pero es la forma de vida de cada uno donde está el problema. Pienso que frecuentemente queremos creer que somos demasiado viejos o es demasiado tarde. Pero personalmente, no creo que sea así”. Parece que la vida se vuelve más complicada a medida que te haces mayor y el tiempo pasa más rápido. “Cuando tienes veinte años, tienes lo mejor por delante, cuando llegas a los cuarenta, está por detrás”, afirma Dahlberg. “A los veinte, sales a entrenar, vuelves a casa, duermes y recuperas. Y al día siguiente otra vez. Cuando te vas haciendo mayor, tienes un montón de cosas más de las que preocuparte. Si sales a entrenar, normalmente, lo haces antes o después de ir a trabajar y cuando vuelves, tienes que ganarte la vida y ocuparte de cuestiones familiares o cotidianas. Por lo tanto, no tienes la oportunidad de recuperar como lo hacías cuando eras joven y eso te limita tu entrenamiento diario. Es muy sencillo malinterpretar lo que ocurre y, simplemente, achacarlo a un declive físico. Estoy convencido que el principal factor son nuestras obligaciones y las restricciones que conllevan”.

Desde luego, algo inherente a la edad es la sabiduría que bien pudiera suplir ciertas limitaciones físicas que pudiera acarrear por otro lado.

Hennie Kuiper venció en la Milán-San Remo de 1985 a la edad de 36 años.