Es costumbre cuando llega Agosto, tras
el acostumbrado parón competitivo de Julio, que la carajillada máster sacie su
afán por medirse con otros congéneres, de esos a los que gusta bicicletear con
un dorsal cosido a la espalda, buscando alguna carrerica allende las mugas
aragonesas. Hablando de costumbres, es tradición retomar la rutina competitiva
en la localidad ilerdense de Ivars de Noguera. Una prueba de carácter "open" con
una nada desdeñable antigüedad de más de dos décadas y que en esta ocasión,
empero, vio como no pudo cumplir una edición más por culpa de los dichosos
recortes que los ayuntamientos deben imponer en sus presupuestos y que afectan
a los eventos que se antojan más prescindibles. En esta ocasión, la carrera
ciclista de las fiestas del pueblo. Mas si por algo se caracterizan los
carajillos es por su cabezonería y si dicen que tal fin de semana hay que
correr, se corre sea donde sea. Y si hay que irse cerca de la playa a jugar a las
carrericas, pues se va. El "Memorial José María Puig" fue la escusa perfecta para
que Rubén “Lenguagato”, Dani y Felis conocieran la localidad tarraconense de
Masllorenç, pasando de la canícula zaragozana a unas amenazadoras nubes que
presagiaban una tormenta que, finalmente, se limitó a unas tímidas goticas que
tan sólo sirvieron para refrescar el ambiente.
En línea de salida un nutrido
pelotón de todas las categorías que escuchaba atentamente ciertas instrucciones
en la lengua vernácula que apenas se antojaban un murmullo emitido por un
vetusto megáfono. Ambos factores impidieron que nuestros protagonistas se
enteraran de que la carrera iba a variar su recorrido programado y que terminaría
diez kilómetros antes de lo previsto. Tan sólo un par de horas más tarde,
cuando los acompañantes de cada uno de los grupos donde circulaban los tres
carajillos esprintaban incompresiblemente para éstos a la entrada de un grupo
de casas que resultaba ser una acceso inédito a Masllorenç, se percataban de que
la carrera había terminado antes de que sus cuentakilómetros marcaran la cifra
de los noventa y dos kilómetros que a priori debían recorrerse. La ausencia de
una pancarta o vallas añadía mayor dificultad a la hora de adivinar dónde
terminaba la carrera. Gajes del oficio. Para ocasiones ulteriores, los tres
carajillos se conjuraron para repasar sus conocimientos de las lenguas de los
territorios de la Corona Aragonesa.

Tanto en Masllorenç como en Lantadilla, pudimos volver a ver la mejor versión de Rubén. Lo cual, es motivo de alegría para todos los carajillos. (Foto: Angel F. Santos) |